domingo, 28 de enero de 2018
sábado, 20 de enero de 2018
domingo, 14 de enero de 2018
martes, 2 de enero de 2018
Romper los cercos, aventurarse a lo nuevo.
En movimiento siempre
Volver a intentar
Darlo todo por perdido y ganado a la vez.
Bailar hasta que se ausente el miedo
Seguir el deseo
Caminar mi verdad y ser esa guía
Moverme con las piedras de lugar
y desconocerme.
Ser
Recordarme en vos.
Tomar lo poco e ir igual
No saber nada, que placer.
Fundirme en eso
y Confiar.
lunes, 25 de diciembre de 2017
IRA DEL HOMBRE
Roma no era sólo una ciudad sino también una experiencia profundamente anhelada. No era una simple circunstancia histórica y social, sino también una estructura que servía de instrumento de salvación. Era el triunfo del hombre al cabo de una larga brega, porque era el triunfo de la vida en el recinto amurallado.
Lo importante y lo más evidente de la ciudad eran las murallas. Ellas separaban a la especie humana de todo un pasado de miedos y espantos originales. En cierto modo separaban la ciudad de la anticiudad. En la ciudad se refugiaban una humanidad cabal, vigente y racional. En la anticiudad, en cambio, estaban los miedos originales encarnados en el rayo, el relámpago y el trueno y, detrás, la ira de dios. Adentro se daba la vida, aunque sometida a límites y concretada en moral y conducta. Afuera estaba la otra vida sumergida en el azar de lo fasto y nefasto, el maíz y la maleza y todo ello mezclado con una muerte inoportuna e imprevista. El ciudadano, en cambio, tenía su muerte prevista. Afuera era cosa de morir a la intemperie, expuesto al capricho de la ira. Pero en la ciudad se ganaba la seguridad de que eso no iba a ocurrir. Claro que se trataba de una seguridad material y, por tanto, superficial, en la que no entraba la intimidad y la plegaria, sino el médico o el Estado. Por eso la religión se desvincula de su dios y se convierte en una forma de conducta, confiada a los dioses menores que son las profesiones. Los técnicos reemplazan paulatinamente a los sacerdotes.
AMÉRICA PROFUNDA
Rodolfo Kusch
sábado, 25 de noviembre de 2017
lunes, 20 de noviembre de 2017
Crónica 3
El camino de Santiago enseña muchas cosas. Es una profunda y maravillosa metáfora de la vida. Yo viví 38 días y 14 kilos de mochila, entre personas y valles descubrí una fortaleza personal que desconocía. La naturaleza y el cariño de mis compañerxs de camino moldeó mi confianza en la vida. Yo no era 'meritoriamente' la persona para estar allí, sin trabajo, habiendo abandonado todo para estudiar danza con 28 años, una tarjeta de crédito prestada y 300 euros en mano para 51 días, comprendí que el dinero no es impedimento para cruzar el mar de mis miedos. La aventura siempre allí, al otro lado de lo que conozco. La gran danza de la vida. El viaje caminado a través de mis emociones. El ojo del dragón.
sábado, 18 de noviembre de 2017
CRÓNICAS DE DANZA. La experiencia de un cuerpo que baila
Soy bailarina, siempre lo fui. Desde mi primer clase pocos días antes de cumplir 5 años, hasta ahora que con 31 estoy haciendo la carrera, siempre fui eso y eso siempre estuvo ahí.
Si, 31.
(....)
martes, 7 de noviembre de 2017
Me agrada no ser de por acá.
Saber que mi lugar está allá.
Que estoy transitiva en un sitio
Que igual lo hago mío
y lo suelto como si no lo fuera
con la misma entereza.
Me agrada saber que mi origen es más luminoso
que estas paredes
y estos modos pacatos de recibirse.
Que la infancia y la calle siguen ahí
y el olor a rosas del jardín de mi madre.
Los juegos, la danza
y la infancia.
Todo sigue.
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