"El mundo era tan reciente,
que muchas cosas carecían de nombre,
y para mencionarlas
había que señalarlas con el dedo."
100 Años...

martes, 9 de junio de 2009

48
Yo he dicho que el alma no es más que el cuerpo,
Y he dicho que el cuerpo no es más que el alma..

Y que cualquiera que marche un kilómetro sin simpatía,
avanza hacia sus funerales cubierto con su mortaja,
Y que tú o yo, sin un céntimo en el bolsillo,
podemos adquirir lo mejor que en la tierra existe;
Y que mirar con un solo ojo o mostrar una habichuela
en su vaina confunde la sabiduría de todos los tiempos,
Y que no existe trabajo o empleo, que siguiéndolo un
hombre joven, a la postre lo convierta en un héroe,
Y que no hay objeto, por frágil que sea, que no sirva
de eje para la rueda del universo,
Y yo le digo a todo hombre y a toda mujer: que tu
alma se mantenga serena y tranquila ante un millón
de universos.

Y yo le digo a la humanidad: no te muestres curiosa
en cuanto a Dios,
Yo, que tengo curiosidad por cada cosa, no manifiesto
curiosidad alguna en cuanto a Dios;
(No hay palabras suficientes para expresar hasta
qué punto estoy en paz con Dios y con la muerte).

Yo escucho y contemplo a Dios en todo objeto, pero
no lo comprendo bajo ningún concepto...

Encuentro cartas de Dios abandonadas en las calles,
y cada una lleva la firma con el nombre de Dios,
Y yo las dejo donde están, porque sé que en cualquier
lugar donde yo vaya,
Con la misma puntualidad, otras cartas llegarán
y llegarán.

49
Y en cuanto a ti, Muerte, tú, amargo beso de la
inmortalidad, es inútil que intentes alarmarme.
A su labor incansable acude el comadrón;
Veo la mano avezada y veterana bajando, recibiendo,
sosteniendo;
Me reclino cerca del umbral de las puertas elegantes
y acogedoras,
Y observo la salida, observo a los que acuden con
su socorro y también a los que huyen del peligro.

Y en cuanto a ti, Cadáver, creo que eres buen abono,
pero eso a mí no me ofende;
Yo huelo las blancas rosas creciendo y perfumando.




W.Whitman

sábado, 30 de mayo de 2009

Cansada de trabajar se sienta Manolita en el tronco, mirando más allá del alambrado el campo infinito piensa para sí.. 'quién encierra lo que libre es..

miércoles, 20 de mayo de 2009

lunes, 18 de mayo de 2009

Es tan poco...


Lo que conoces
es tan poco
lo que conoces son mis nubes
son mis silencios
son mis gestos
lo que conoces
es la tristeza
de mi casa
vista de afuera
son los postigos de mi tristeza.
Pero no sabes nada,
a lo sumo
piensas a veces
que es tan poco
lo que conozco de tí
lo que conozco
es la tristeza
de tu casa vista de afuera
son los postigos de tu tristeza.
Pero no llamas.
Pero no llamo...

Mario Benedetti

Gracias por el fuego!

sábado, 9 de mayo de 2009

Reunión

..aunque Mozart y el árbol no puedan saberlo, también nosotros a nuestra manera hemos querido trasponer una torpe guerra a un órden que le dé sentido, la justifique y en últimno término la lleve a una victoria que sea como la restitución de una melodía después de tantos años de roncos cuernos de caza, que sea ese allegro final que sucede al adagio como un encuentro con la luz. Lo que se divertiría Luis si supiera que en este momento lo estoy comparando con Mozart, viéndolo ordenar poco a poco esta insensatez, alzarla hasta su razón primordial que aniquila con su evidencia y su desmesura todas las prudentes razones temporales. Pero qué amarga, qué desesperada tarea la de ser músico de hombres, por encima del barro y la metralla y el desaliento urdir ese canto que creíamos imposible, el canto que trabará amistad con la copa de los árboles, con la tierra devuelta a sus hijos. Sí, es la fiebre..
.. Y así al final me quedaré dormido, pero antes alcanzaré a preguntarme si algún día sabremos pasar del movimiento donde todavía suena el halalí del cazador, a la conquistada plenitud del adagio y de ahí al allegro final que me canturreo con un hilo de voz, si seremos capaces de alcanzar la reconciliación con todo lo que haya quedado vivo frente a nosotros. Tendríamos que ser como Luis, no ya seguirlo, sino ser como él, dejar atrás inapelablemente el odio y la venganza, mirar al enemigo como lo mira Luis, con una implacable magnanimidad que tantas veces ha suscitado en mi memoria (pero esto, ¿cómo decírselo a nadie?) una imagen de pontocrátor, un juez que empieza por ser el acusado y el testigo y que no juzga, que simplemnte separa la tierra de las aguas para que al fin, alguna vez, nazca una patria de hombres en un amanecer tembloroso, a orillas de un tiempo más limpio.

Julio Cortázar